CAPÍTULO XII: Miércoles, viernes y sábado

Tres nombres de días de la semana. Dos de fin de semana. No son días normales para mí. Son fechas en las que ella y yo hablamos menos. Queda con su novio y yo, desaparezco. Me cuesta, pero lo asumo porque pienso en ella. Antes me costaba más aceptar esta circunstancia, ahora ya no. Quizás he madurado en este aspecto o es que simplemente la rutina y la repetición de los hechos han permitido que interiorice ese hábito. Miércoles, viernes y sábado es sinónimo de menos AJ.

No tengo los días marcados en el calendario, llegan y se digieren. Hace tiempo me dolían pero no lo expresaba. Eran cinco, seis, siete horas sin hablar, como si estuviera metido en un cajón encerrado y me abriera al cabo de quedar con su chico con toda la naturalidad del mundo. Se hacían muy largas esas horas. Un detalle tan simple como mirar el móvil me dolía. Al segundo de despedirse de mi, ya la echaba de menos. Ahora el proceso es diferente. No en cuanto las formas, pero si en mi manera de interiorizarlo. La sensación sigue siendo singular, peculiar. Sobre las cuatro y poco, espero su mensaje. Pretendo restarle su importancia, porque pienso que se lo va a pasar bien y después pregunto como un estúpido como le ha ido la tarde para confirmar mi pensamiento. Solo me sabe mal cuando ella me dice que la tarde no ha sido buena, porque quedar con la persona con la que compartes tu vida y no pasárselo bien debe ser complicado.

No hay diferenciación entre el miércoles y los días de fin de semana. La sensación personal es la misma. El desarrollo es parecido. En el día entre semana coincide en que estoy en clase y me evado un poco de la situación. Aumenta mi concentración por la clase, pero si miro el móvil, vuelvo a pensar en la tesitura y deseo que cuando vuelva me diga: me lo he pasado super bien, mi novio me ha llevado a un sitio original, me ha sorprendido, me ha regalado tal cosa. Confieso que hay veces que cuando me dice que tiene su cita, me imagino a mi mismo con ella. Es surrealista. Estoy en clase, hay un profesor que explica, estoy rodeado de gente que atiende y yo, pienso que haría con ella si fuésemos pareja. Planes, excursiones, sorpresas. Imaginación en estado puro.

En los fines de semana el escenario es diferente. Estoy en casa de mis abuelos y tengo más opciones para desconectar, aunque lo de la creatividad sigue ahí, pese que esté haciendo cualquier otra actividad. En períodos vacacionales, la dificultad de no pensar que no existes durante varias horas incrementa, porque los días son más, los horarios cambian...

Miércoles, viernes y sábado es equivalente a echarla de menos. Que esté con su novio no me molesta ni me afecta en excesiva medida. Mi pensamiento gira entorno a ella igualmente. Puede estar con él, con Mario Casas o con Cristiano Ronaldo. Me da igual la persona que la acompañe mientras la haga feliz. Me sigo viendo el chico que puede hacerla más feliz del mundo. No es por ir de gallito, pero creo en mi y también siento que la conozco como nadie. Junto mi confianza con mi conocimiento sobre ella y la idea en mi cabeza no se ve mal. Ahora cuando termine estas líneas, volveré a la realidad y veré que por desgracia, nada cambia y que todo sigue igual.

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