CAPÍTULO IX: El 25 de septiembre
Hubo un día en el que todo cambió. No estaba previsto que un 25 de septiembre fuera a perder el miedo de decirle lo que sentía durante todo este tiempo. Fue una declaración peculiar, se alargó muchísimo, la empecé en un burger y la terminé en uno de esos recintos con varias acumulaciones de tierra para hacer piruetas con la bicicleta. No fue la confesión perfecta ni la soñada, pero tuvo un componente sentimental tan fuerte que compensó las carencias del lugar y del medio para declararme.
Recuerdo a la perfección ese domingo y los días anteriores, que en realidad fueron el detonante para que diera el paso de expresarle mis sentimientos. Fue un fin de semana muy extraño para mi y eso que venía de unas semanas muy buenas con ella. Comentarios difíciles de digerir, entender y tener la sensación de sentirme solo. Eran situaciones que me solían pasar, pero tenía suficiente fuerza mental para aparentar que no me dolía cuando en realidad me estaba haciendo daño. Nadie notaba como me sentía y tampoco quería que lo hicieran, porque no me gusta transmitir tristeza o pena.
Me sentí tan agotado ese fin de semana que aún se me eriza la piel de recordarlo. Llegué a un extremo de cansancio y desgaste al que no había llegado aún. Se lo comenté, solo pretendía dejar caer que no estaba bien y por su insistencia acabé contando lo que me pasaba realmente. Días, meses, años enamorado de ella, con una amistad increíble hasta entonces y le conté que no sentía el cariño de una simple amistad.
Iba plasmando mis sentimientos en un mensaje y recuerdo hacerlo con un temblor y un miedo propio de aquel que no sabe que va a pasar, pero intuye que todo va a cambiar para mal. Aunque era mayor la necesidad de vaciarme, de manifestar mis sentimientos verdaderos que le envié el mensaje. Después recuerdo que no quise mirar el móvil durante bastantes minutos. Me daba pánico su respuesta. Llegué a sentirme patético durante un período de tiempo, hasta que finalmente decidí mirar el móvil y ver unos cuatro o cinco mensajes suyos.
Mientras iba leyendo su contestación se me cayó alguna lagrima. Mi mensaje no tenía ninguna finalidad malvada. Sabía que no iba a cambiar nada, ella estaba y está enamorada de otro chico y yo tengo que asumirlo. Ese día por primera vez prioricé mi vida a la suya. No podía seguir más tiempo por el camino en el que estaba.
Tras leer su contestación me enamoré más de ella. Fue la confirmación de que era la chica ideal. Atenta, preocupada, comprensiva, generosa, sincera. Me demostró todo eso en un mensaje. Las horas y días posteriores fueron diferentes. Lo que le dije tuvo su peso y esa rareza entre ambos por el contexto de la situación se fue alargando hasta que se normalizó con el paso de las semanas.
En conclusión, más que una declaración fue un ejercicio personal de liberación. Había soportado bastantes cosas y ya no tenía capacidad para aguantar más. A día de hoy, mañana del 9 de octubre de 2017, sé que nada de lo que pretendo con ella es posible. Tiene novio, le gustan otro tipo de chicos, no soy su prototipo. En fin, todas las circunstancias van en mi contra, pero tampoco quiero asumir que es un sueño imposible, aunque quizás debería empezar a asumir que si, que nunca voy a estar con ella. Es un quiero y no puedo. He echo todo lo que ha estado en mi mano, no he podido hacer más. Lo he intentado de mil maneras, por eso estoy muy tranquilo conmigo mismo. No es un fracaso, es un sueño no cumplido, que duele más. Lo veo tan difícil e imposible que dependiendo del momento pienso que soy tonto, como hoy.
Recuerdo a la perfección ese domingo y los días anteriores, que en realidad fueron el detonante para que diera el paso de expresarle mis sentimientos. Fue un fin de semana muy extraño para mi y eso que venía de unas semanas muy buenas con ella. Comentarios difíciles de digerir, entender y tener la sensación de sentirme solo. Eran situaciones que me solían pasar, pero tenía suficiente fuerza mental para aparentar que no me dolía cuando en realidad me estaba haciendo daño. Nadie notaba como me sentía y tampoco quería que lo hicieran, porque no me gusta transmitir tristeza o pena.
Me sentí tan agotado ese fin de semana que aún se me eriza la piel de recordarlo. Llegué a un extremo de cansancio y desgaste al que no había llegado aún. Se lo comenté, solo pretendía dejar caer que no estaba bien y por su insistencia acabé contando lo que me pasaba realmente. Días, meses, años enamorado de ella, con una amistad increíble hasta entonces y le conté que no sentía el cariño de una simple amistad.
Iba plasmando mis sentimientos en un mensaje y recuerdo hacerlo con un temblor y un miedo propio de aquel que no sabe que va a pasar, pero intuye que todo va a cambiar para mal. Aunque era mayor la necesidad de vaciarme, de manifestar mis sentimientos verdaderos que le envié el mensaje. Después recuerdo que no quise mirar el móvil durante bastantes minutos. Me daba pánico su respuesta. Llegué a sentirme patético durante un período de tiempo, hasta que finalmente decidí mirar el móvil y ver unos cuatro o cinco mensajes suyos.
Mientras iba leyendo su contestación se me cayó alguna lagrima. Mi mensaje no tenía ninguna finalidad malvada. Sabía que no iba a cambiar nada, ella estaba y está enamorada de otro chico y yo tengo que asumirlo. Ese día por primera vez prioricé mi vida a la suya. No podía seguir más tiempo por el camino en el que estaba.
Tras leer su contestación me enamoré más de ella. Fue la confirmación de que era la chica ideal. Atenta, preocupada, comprensiva, generosa, sincera. Me demostró todo eso en un mensaje. Las horas y días posteriores fueron diferentes. Lo que le dije tuvo su peso y esa rareza entre ambos por el contexto de la situación se fue alargando hasta que se normalizó con el paso de las semanas.
En conclusión, más que una declaración fue un ejercicio personal de liberación. Había soportado bastantes cosas y ya no tenía capacidad para aguantar más. A día de hoy, mañana del 9 de octubre de 2017, sé que nada de lo que pretendo con ella es posible. Tiene novio, le gustan otro tipo de chicos, no soy su prototipo. En fin, todas las circunstancias van en mi contra, pero tampoco quiero asumir que es un sueño imposible, aunque quizás debería empezar a asumir que si, que nunca voy a estar con ella. Es un quiero y no puedo. He echo todo lo que ha estado en mi mano, no he podido hacer más. Lo he intentado de mil maneras, por eso estoy muy tranquilo conmigo mismo. No es un fracaso, es un sueño no cumplido, que duele más. Lo veo tan difícil e imposible que dependiendo del momento pienso que soy tonto, como hoy.
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