CAPÍTULO IV: Primeras confesiones y dolores de cabeza
Con el paso del tiempo AJ se convirtió en mi amiga. En realidad era más que una amiga, era mi confidente. A pesar de la distancia y nuestra peculiar relación, sabía que para cualquier cosa ella iba a estar ahí. No sé muy bien como se ganó mi confianza, pero lo consiguió. Soy un chico difícil en ese sentido. Siempre tengo ese miedo de qué me fallen, porque lo he sufrido. Gracias a ella, recuperé la fe en las amistades.
Soy un chaval muy observador en el sentido de qué me fijo como es la gente, antes de contarle cualquier historia o problema que me involucre en ella. A AJ, no podía observarla, pero me hice a la idea de como era. Por su naturalidad, espontaneidad, sabía que ella era diferente a la mayoría de chicas de mi entorno.
Gracias a su forma de ser, empezamos a contarnos intimidades y confesiones de todo tipo. Revelaciones hasta el punto de llegar a decirme por su parte: Tengo novio. Dos simples palabras. No sé cuanto tiempo tardó en escribir este mensaje. Quizás unos siete u ocho segundos. No le di importancia en un primer momento. Todo siguió igual y fue a más, hasta que me enamoré y entonces, si que le di relevancia a esas palabras.
Ahí empezó mi simulación. La quería como algo más y no quería decírselo a pesar de tener ya una amistad sólida. Sabía como era su relación y realmente, no le di importancia porque pensaba que no iba a tener futuro, pero me equivoqué en esa previsión. Al ver que su noviazgo era también consistente a pesar de muchos peros, mi sensación era agridulce. Ella comparte su vida con quién quiere y yo ahí no puedo meterme ni opinar. A la vez que pensé eso, lo relacioné con eso que se llama felicidad, porque automáticamente pensé que ella al estar compartiendo su vida con alguien, era feliz.
¿Qué es la felicidad? Es un estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno. Según esta definición de felicidad, yo por lo que sentía, no podía estar plenamente feliz. Y ella, en teoría, lleva todo el tiempo de su relación en un estado de satisfacción, alegría. En un principio pensé así y por eso mi tristeza, mi sensación de no poder estar con ella, se minimizaba porque ella era feliz, y al fin y al cabo eso es lo que más me importaba, lo priorizaba a mis intereses personales. Aunque eso cambió al conocer la situación real de su relación. Vi que hice una conexión equivocada. Estar con alguien no implica ser feliz. En la teoría sí, pero en la práctica, no.
Soy un chaval muy observador en el sentido de qué me fijo como es la gente, antes de contarle cualquier historia o problema que me involucre en ella. A AJ, no podía observarla, pero me hice a la idea de como era. Por su naturalidad, espontaneidad, sabía que ella era diferente a la mayoría de chicas de mi entorno.
Gracias a su forma de ser, empezamos a contarnos intimidades y confesiones de todo tipo. Revelaciones hasta el punto de llegar a decirme por su parte: Tengo novio. Dos simples palabras. No sé cuanto tiempo tardó en escribir este mensaje. Quizás unos siete u ocho segundos. No le di importancia en un primer momento. Todo siguió igual y fue a más, hasta que me enamoré y entonces, si que le di relevancia a esas palabras.
Ahí empezó mi simulación. La quería como algo más y no quería decírselo a pesar de tener ya una amistad sólida. Sabía como era su relación y realmente, no le di importancia porque pensaba que no iba a tener futuro, pero me equivoqué en esa previsión. Al ver que su noviazgo era también consistente a pesar de muchos peros, mi sensación era agridulce. Ella comparte su vida con quién quiere y yo ahí no puedo meterme ni opinar. A la vez que pensé eso, lo relacioné con eso que se llama felicidad, porque automáticamente pensé que ella al estar compartiendo su vida con alguien, era feliz.
¿Qué es la felicidad? Es un estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno. Según esta definición de felicidad, yo por lo que sentía, no podía estar plenamente feliz. Y ella, en teoría, lleva todo el tiempo de su relación en un estado de satisfacción, alegría. En un principio pensé así y por eso mi tristeza, mi sensación de no poder estar con ella, se minimizaba porque ella era feliz, y al fin y al cabo eso es lo que más me importaba, lo priorizaba a mis intereses personales. Aunque eso cambió al conocer la situación real de su relación. Vi que hice una conexión equivocada. Estar con alguien no implica ser feliz. En la teoría sí, pero en la práctica, no.
Descubrí realmente la verdadera esencia de su relación y ella, sin saber nada de mis sentimientos, empezó a hacerme partícipe de sus problemas con su novio. Entonces vi que AJ no encajaba en ese grupo privilegiado de gente feliz. Por aquel entonces no entendía nada, pero a día de hoy, tristemente para mí, lo entiendo todo.
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