CAPÍTULO II: Primeras impresiones

Después de conseguir el contacto de AJ, no lo dudé un instante. La empecé a hablar, aunque no recuerdo la fecha, solo el momento y el lugar. Era un fin de semana, apostaría por un sábado y sé que era de noche y estaba en el pueblo de mis abuelos. Recuerdo mis sensaciones, mis impresiones tras hablar con ella y la verdad, superaron mis expectativas.


Cabe recalcar que estaba inmerso en unos días muy duros por las circunstancias que comenté en el anterior capítulo. Me pasaron su contacto y me vendieron a AJ como una persona que podía ayudarme. También me dijeron que era muy guapa. DE, no se equivocó en ninguna de las dos cosas. Me ayudó sin saberlo, porque nunca le conté nada y si, era cierto, es guapísima.

Lo lógico, común y coherente es que nuestra primera conversación fuera algo fría, distante. Pero todos estos calificativos no encajan en nuestra forma de ser ni en el contexto de la situación. Soy un chico simpático, con el que se puede hablar de cualquier cosa, me gusta hacer reír y ella es prácticamente igual y es fácil hacerla reír. Si a día de hoy seguimos hablando, es que nuestra primera vez hablando fue más que buena.

Soy un chico que cree mucho en el aspecto de las sensaciones tras una conversación. No sé si es algo muy común en el resto de los mortales, pero yo cuando termino de hablar con alguien valoro como me siento. Si mis percepciones son buenas, es que la persona con la que hablo, puede tener cierta importancia en mi vida si esas impresiones se van repitiendo de forma continuada y regular. Y eso AJ lo cumplió desde el primer día, imagino.

Ella desde la primera conversación, me aportó algo, seguro. No sabría definirlo, ni darle forma, porque no recuerdo con nitidez esos días ni esos diálogos. Es indudable que desde el primer día para mi no fue una chica normal. Tenía algo diferente y por eso busqué ir a más con ella.

El tiempo es lo más valioso que una persona puede gastar. Empecé a gastarlo con una desconocida, que rápidamente me robó el corazón y en la actualidad me pasaría las veinticuatro horas del día, veinticinco si existieran, hablando con ella.

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